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Guía 7 · Descanso y sueño

Dormir mejor sí es posible

¿Hace cuánto no disfrutás de una noche de sueño realmente reparadora?

Tal vez te acostás cansada, pero cuando apoyás la cabeza en la almohada, la mente sigue funcionando.

Pensás en lo que hiciste durante el día.

En lo que quedó pendiente.

En lo que tenés que resolver mañana.

Y mientras la mente no se detiene, el cuerpo tampoco logra descansar.

Si esto te resulta familiar, no estás sola.

Muchas mujeres viven en un estado de alerta casi permanente, y eso hace que dormir bien se vuelva cada vez más difícil.

Dormir no es solo cerrar los ojos

Dormir bien no depende únicamente de acostarse temprano.

Para que el descanso sea profundo, el cuerpo necesita sentir que está seguro.

Necesita dejar de estar preparado para resolver, responder o reaccionar.

Pero cuando vivimos con estrés durante mucho tiempo, nuestro sistema nervioso permanece en «modo alerta», incluso cuando llega la noche.

Por eso puede suceder que:

  • Te cueste conciliar el sueño.
  • Te despiertes varias veces durante la noche.
  • Te levantes cansada, aunque hayas dormido muchas horas.
  • Tengas la sensación de que nunca terminás de descansar.

No es falta de voluntad.

Es un cuerpo que todavía no aprendió a soltar.

¿Qué tiene que ver el Yoga Terapéutico con el descanso?

Mucho más de lo que imaginás.

El Yoga Terapéutico no «obliga» al cuerpo a dormir.

Lo prepara para que el descanso ocurra de forma natural.

A través de movimientos suaves, respiraciones conscientes y técnicas de relajación, el sistema nervioso recibe un mensaje diferente: «Podés relajarte. Ya no necesitás estar en alerta.»

Cuando esa sensación de seguridad aparece, el cuerpo comienza a recuperar su capacidad natural para descansar.

Tres herramientas simples que podés incorporar esta noche

1 · Respirá más lento

Antes de dormir, sentate o acostate cómodamente.

Inhalá suavemente por la nariz. Luego exhalá un poco más lento de lo que inhalaste.

No hace falta contar. Solo permití que la exhalación sea larga y tranquila.

Hacé esto durante tres o cinco minutos.

Muchas veces, una respiración más pausada es suficiente para indicarle al cuerpo que es momento de descansar.

2 · Aflojá conscientemente el cuerpo

Antes de cerrar los ojos, recorré mentalmente tu cuerpo. Preguntate:

  • ¿Estoy apretando la mandíbula?
  • ¿Mis hombros siguen elevados?
  • ¿Tengo el abdomen contraído?

Al exhalar, imaginá que esas zonas comienzan a aflojarse.

No hace falta hacer fuerza. Solo permitir que el cuerpo se relaje un poco más con cada respiración.

3 · Regalate unos minutos de silencio

No hace falta llenar cada momento con el celular, la televisión o más información.

Cinco minutos de silencio, una meditación breve o una relajación guiada pueden hacer una gran diferencia en la calidad de tu descanso.

El descanso empieza mucho antes de quedarte dormida. Empieza cuando empezás a bajar el ritmo.

Dormir mejor también es aprender a cuidarte durante el día

Muchas veces buscamos soluciones solo cuando llega la noche.

Pero el descanso se construye desde la mañana.

Cada pausa que hacés.

Cada respiración consciente.

Cada momento en que aflojás los hombros.

Cada vez que elegís escucharte.

Todo eso ayuda a que, cuando llegue la noche, tu cuerpo encuentre más fácilmente el camino hacia el descanso.

Un mensaje importante

Si hace tiempo que dormís mal, no te resignes a pensar que «es normal».

Dormir bien no es un lujo.

Es una necesidad.

Un buen descanso influye en tu energía, tu estado de ánimo, tu concentración, tu capacidad para manejar el estrés y también en cómo se siente tu cuerpo.

Recuperar el descanso lleva tiempo, paciencia y constancia.

Pero es posible.

Y cada pequeño paso que das para cuidar de vos también es un paso hacia noches más tranquilas.

Para descansar de verdad

Probá una práctica corta.

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