Todas las notas

Cumplir años

Cumplir años: un año más de vida, no un año menos

Hay algo que vengo observando desde hace tiempo en mis alumnas, en las mujeres de mi comunidad y también en las personas que me rodean en la vida cotidiana.

A medida que pasan los años, cumplir años parece dejar de ser motivo de festejo y empieza a convertirse, para muchas personas, en una especie de pesadumbre silenciosa.

Como si cada cumpleaños fuera un recordatorio de que nos acercamos al final. Como si, a partir de los 50 o los 60 años, en lugar de sumar años vividos, empezáramos a restarlos.

Aparecen frases como «ya estoy vieja», «qué feo es envejecer» o incluso «estoy durando».

Y cada vez que escucho esto último, suelo responder:

—Bueno, entonces morite ahora.

La reacción es casi siempre la misma. Se asustan y me dicen:

—¡No! ¡Quiero vivir!

Entonces les digo:

—¡Entonces viví!

Lo digo así, de manera directa, porque hay algo en esa respuesta que me invita a detenerme y pensar. Si queremos vivir, ¿por qué miramos el paso de los años como si fuera algo que tenemos que padecer? ¿Por qué cumplir años puede despertar más tristeza que gratitud por todo lo vivido?

No digo que sea fácil aceptar el paso del tiempo. El cuerpo cambia, nuestras posibilidades pueden cambiar y hay cosas que ya no hacemos de la misma manera. Ignorar eso tampoco sería honesto.

Pero una cosa es reconocer que estamos envejeciendo y otra muy distinta es vivirlo como una batalla contra nuestro propio cuerpo.

Un año más de vida

Para mí, cumplir años es un año más de vida, no un año menos.

Es haber transitado doce meses más. Haber tenido la posibilidad de aprender, de equivocarme, de compartir momentos con las personas que quiero, de descubrir cosas sobre mí y de seguir construyendo mi propia historia.

Cumplir años es un motivo de festejo porque seguimos acá.

Y sí, sé que decirlo no hace desaparecer los miedos, las incertidumbres ni las dificultades que pueden llegar con el paso del tiempo. No se trata de negar lo que sentimos ni de obligarnos a estar felices por cumplir años.

Se trata, quizás, de empezar a revisar desde dónde estamos mirando esta etapa de la vida.

Porque llegar a los 50, a los 60, a los 70 o a los 80 años no tendría que convertirse automáticamente en una cuenta regresiva.

Para mí, cumplir años es un privilegio. Un privilegio que no todas las personas tienen la posibilidad de disfrutar.

Y cuando lo pienso de esa manera, algo cambia.

No quiero luchar contra mi cuerpo. Quiero aprender a habitarlo.

Mi cuerpo está envejeciendo. El tuyo también. Es parte de vivir.

Y no quiero pasar los años que tengo por delante peleándome con eso.

Quiero aprender a acompañar mi cuerpo en ese proceso, a escucharlo y a reconocer sus necesidades, en lugar de tratarlo como algo que se deteriora y contra lo que tengo que luchar.

Quiero habitarlo.

¿Y qué significa para mí habitar el cuerpo?

A veces, algo tan sencillo como darme cuenta de que necesito tomar agua.

O prestar atención a lo que estoy comiendo, registrar cuándo necesito descansar, reconocer que estoy cansada o detenerme un momento para respirar profundamente.

Cosas simples, cotidianas. Pero que muchas veces dejamos de registrar porque estamos demasiado ocupadas haciendo, resolviendo y respondiendo a todo lo que sucede alrededor.

Habitar el cuerpo es aprender a escucharlo sin convertir cada señal en un problema que tenemos que solucionar. Es reconocer que este cuerpo, con sus cambios, sus límites y sus posibilidades, es el lugar desde el que vivimos nuestra vida.

Y para mí, eso también forma parte de la práctica del yoga.

La práctica de volver a mí

A través del yoga fui aprendiendo a observarme, a reconocer cuándo estoy en alerta, cuándo necesito detenerme y cuándo estoy tan pendiente de todo que dejo de escucharme.

No siempre lo consigo. No siempre me doy cuenta a tiempo. Y no creo que se trate de alcanzar un estado permanente de calma o de hacerlo todo bien.

Se trata de aprender a volver.

Volver a sentir el cuerpo. Volver a registrar la respiración. Volver a preguntarme cómo estoy y qué necesito en este momento.

A veces será moverme. Otras veces, descansar. Quizás necesite hacer una práctica de yoga nidra, respirar con tranquilidad o simplemente quedarme un rato sin hacer nada.

La práctica no consiste en exigirle al cuerpo que responda como antes ni en mantenerlo joven a cualquier precio.

Consiste en construir una relación más consciente y amorosa con él, tal como es hoy.

Y me parece que esa relación se vuelve especialmente importante a medida que pasan los años.

Porque no quiero llegar a cada cumpleaños pensando en todo lo que estoy perdiendo. Quiero poder reconocer también todo lo que sigo teniendo, todo lo que todavía puedo descubrir y las maneras nuevas en las que puedo acompañarme.

¿Y si empezamos a contar de otra manera?

No sé si alguna vez vamos a dejar de sentir cierta nostalgia por el tiempo que pasó. Quizás no sea necesario.

Pero sí podemos preguntarnos qué hacemos con el tiempo que tenemos por delante.

Podemos seguir mirando cada cumpleaños como un año menos, o podemos reconocerlo como un año más que tuvimos la oportunidad de vivir.

Podemos pasar los años peleándonos con los cambios de nuestro cuerpo, o empezar a acompañarlos con más escucha, cuidado y respeto.

No se trata de romantizar la vejez ni de negar sus dificultades. Se trata de no reducir nuestra vida a ellas.

Podemos reconocer el paso del tiempo sin convertirlo en una pelea constante. Podemos cuidar nuestro cuerpo sin exigirle que permanezca igual. Y podemos celebrar un cumpleaños sin sentir que estamos perdiendo algo por el simple hecho de cumplir un año más.

Para mí, cumplir años es un privilegio. Es tener la posibilidad de seguir viviendo, aprendiendo, compartiendo y descubriendo cómo quiero transitar esta etapa de mi vida.

Un año más de vida, no un año menos.

Ojalá podamos empezar a mirar nuestros cumpleaños desde ese lugar. No como una cuenta regresiva, sino como una oportunidad para celebrar la vida que tenemos y preguntarnos cómo queremos habitarla. No porque mi cuerpo no cambie, sino porque cambia mientras sigo viviendo.

Porque todavía puedo aprender a escucharme. Porque todavía puedo descubrir algo nuevo sobre mí. Porque puedo seguir construyendo una relación más amorosa con mi cuerpo y con la vida que habito.

Y porque, para mí, cumplir años sigue siendo eso: un año más de vida, no un año menos.

Un privilegio que quiero aprender a celebrar, una y otra vez.

Para volver a vos

Probá una práctica corta.

Ver las clases gratis Leer otra nota